21 de julio de 2017

Master of None




Master of None es una de las mejores incorporaciones al catálogo de series originales de Netflix. Consta de dos temporadas con diez capítulos de escasos 25-30 minutos, y se engloba dentro del género de la comedia. Y como ocurre casi siempre, esto se trata de una burda simplificación que no le hace justicia.

Nacida de la experiencia como famoso monologuista de su co-creador Aziz Ansari (quien también guioniza y protagoniza), emplea los temas recurrentes de sus shows para reflexionar lucidamente sobre temas como las relaciones de pareja modernas, el uso abusivo que damos a las tecnologías, la deshumanización de las aplicaciones online de citas, el miedo al compromiso y a la toma de decisiones vitales que den al traste con tus prejuicios, el racismo, el machismo y el acoso constante que sufren las mujeres, así como las relaciones paterno filiales, la inmigración, la importancia de conocer de dónde venimos, la infidelidad, la soledad de la vejez...

Imposible no enamorarse.
Pero no lo hace de forma burda y moralista, ya que introduce los grandes temas que a todos nos preocupan en mayor o menor medida con grandes de dosis de humor, personajes tridimensionales, secundarios de lujo que funcionan como alivios cómicos, una trama bien hilada que va avanzando según transcurren los capítulos (con grandes elipsis) y una sección musical admirable, como esa canción de Beach House que da nombre a la serie. Su gran acierto está en tocar todos esos palos sin permitir que ninguno de ellos nos llegue a atosigar por repetitivo, haciendo que su contenido pueda gustar a un amplio expectro de espectadores, pues cada uno de ellos sacará una lectura distinta, dependiendo del momento vital en el que se encuentre. Sin dejar de ser por ello un lúcido reflejo de la mentalidad de la juventud actual, de sus preocupaciones y su visión del mundo.

Parezco un suricata y soy adorable.

Si bien es cierto que en un principio la continuidad entre episodios parece que se limita a ir ampliando en matices el entorno del protagonista, al cabo de una serie de subtramas todo acabará desembocando en una relación de pareja, un trasunto de Annie Hall moderno e interracial. Habrá quien opine que esta comparativa es excesiva, pero en mi opinión recoge ese espíritu, y hasta el mismo tono ligero pero profundo, de una forma admirable. Incluso llegamos a tener en su segunda temporada deliciosas referencias al neorealismo italiano, así como una mayor madurez emocional por parte del protagonista de nuevo en los capítulos finales de temporada, que nos hablan de la importancia de dejarnos llevar por nuestros anhelos internos y no cosificarnos o dejarnos atrapar por una dinámica diaria que nos anule como individuos. Y por muy serio que cuente yo todo esto, os aseguro que la serie nos hará reflexionar sobre ello con una sonrisa permanente en el rostro.

Qué bien sienta el b/n de vez en cuando.
Por ultimo destacar el capítulo independiente destinado a conocer mejor esa cara oculta de Nueva York que tan poca visibilidad tiene, en un movimiento tan arriesgado a nivel formal como meritorio a nivel moral. En pocas producciones me imagino que pudiese tener lugar semejante atrevimiento, algo digno de alabanza y que ojalá sirva como precedente para ampliar el foco de la ficción televisiva.

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