19 de julio de 2015

Reseña: El cuento de una rata mala.

Yo pensaba que era un chico. 


El abuso sexual a menores es un tema muy espinoso de tratar en nuestra sociedad, ya no digamos en la ficción, más concretamente en una destinada a ser lectura con afán educativo en las escuelas, traducida a un montón de idiomas y multipremiada, como es el caso de esta que hoy os traigo.
Lo más común sería caer en un tono discursivo aleccionador que trate (de forma loable) de sonsacar una confesión a las posibles víctimas, incapaces de reaccionar ante algo tan monstruoso que no comprenden y por lo que se culpan injustamente, a veces durante toda su vida.
Es un proceso complejo difícil de trasladar, veamos si aquí se consigue.


Ratas gigantes parlantes y otras lindezas propias del campo.


Esta novela gráfica de Bryan Talbot (autor de Las Aventuras de Luther Arkwright o Grandville, al que conozco principalmente por estar a los lápices de algunos números de The Sandman) nos narra el día a día de una joven muchacha, Helen Potter, que mendiga en la calle para llevarse algo al estomago.
Con el transcurso de las viñetas, veremos cómo ha llegado a esa situación tan extrema, de dónde ha huido y porqué motivo, al tiempo que nos muestra tres grandes escenarios que dividen la obra en tres actos (Ciudad, Carretera y Campo) en su travesía junto a una rata rescatada de un laboratorio, a quien tiene por mejor amiga/mascota, y de quien nos cuenta divertidas anécdotas diseminadas en momentos puntuales para quitar algo de dramatismo a lo que acontece.


Esas inseguridades.


Fuera de lo que pueda parecer, no estamos ante un cómic sórdido. A pesar de mostrar la inmundicia moral de unos cuantos personajes con quienes se cruza la protagonista (ya sea tratando de aprovecharse de ella físicamente o de sus circunstancias), el espíritu de superación y vitalidad planea sobre todos sus actos. El trauma le impide relacionarse de una forma natural con quienes no albergan maldad alguna, observándose unas reacciones bastante creíbles, tales como el rechazo ante el contacto físico o una necesidad imperiosa de escapar de allí donde esté, y sin inundarlo todo de diálogos sobre explicativos.


Los gatos siempre son malos. Siempre.


Los sueños traumáticos de su más tierna infancia, los momentos imaginación VS realidad, las composiciones de página dinámicas en consonancia con la narración (mirad en la próxima imagen como huye de la policía de forma caótica por las calles), las escenas oníricas con el espíritu gigante de su rata... son una constante que mediante el uso de una paleta de colores muy intensos aportan un toque de cuento muy llamativo.
Por criticar algo, cierto diálogo cerca del final me parece demasiado forzado, pero no es nada que enturbie la lectura, con una conclusión bastante satisfactoria.
Resumiendo, estamos ante un cómic corto, disfrutable, con un buen apartado artístico y una historia que además de entretener nos enseña una realidad que esta ahí y no debemos ignorar.


Esos autobuses rojos del demonio...


Cabe señalar que Helen comparte nombre y apellidos con la afamada escritora e ilustradora de cuentos anglosajona Beatrice Potter, creadora del personaje Petter Rabit, a la que admira y con quien siente una conexión especial a nivel emocional. Podría decirse que toda la historia es un homenaje a esta señora (incluso aparece uno de sus cuentos ilustrados), pero se puede leer y comprender sin saber absolutamente nada de ella, si sois tan ignorantes como yo.


En verdad no tengo ni idea de quien es esta buena mujer, pero el cuento es potito.



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